Si cualquier adolescente va a un centro de estudios a final del trimestre para recuperar siete asignaturas suspendidas, el profesorado hará todo lo que esté en sus manos, pero será complicado que el curso se supere con buena nota.

Pues de la misma manera, si recurre un partido en precampaña electoral a contratar los servicios de consultoría, va a ser difícil que se cambie el destino que se ha trazado a lo largo de la legislatura.

Nadie gana unas elecciones, las pierde quien gobierna, pues tiene una doble vía espectacular para continuar al frente de la institución que representa. Si gobernar es pesado, estar en la oposición es peor.

Tenemos cuatro años para ecualizar y triangular nuestra ciudad, identificar los temas y los mensajes que importan al vecindario, destilar una estrategia, comunicar conversando con una ciudadanía prosumidora que no digiere lo unidireccional e identificar ese valor que queremos compartir emocionadamente.

Como las Fallas de València (España), con las cenizas aún calientes después de su quema, empiezan a trabajar para que el año siguiente salga todo aún mejor. Así estamos, en campaña permanente desde el primer día de la legislatura para llegar con todos los deberes hechos a la próxima campaña electoral y no suspender el examen.

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