Cuesta recordar unas elecciones que den por seguros unos resultados. El escenario electoral está disruptivo como nunca habíamos visto: con formaciones políticas que aparecen cubriendo espacios vacíos, percepciones ciudadanas en cambio constante y una agenda política en ebullición.

Si hablamos de gobernabilidad, más de lo mismo: dos bloques ideológicos con distintas fuerzas políticas que han pintado el mapa institucional con pactos de todas las formas y colores.

En ese crisol imprevisible, no se trata de saber lo que viene con una certeza burócrata que ya no existe, se trata de adaptarse adhocráticamente al cambio. Y para lograrlo, tampoco necesitamos de esas personas que lo tienen todo previsto y bien atado, sino de profesionales que evolucionan con un contexto dinámico para maximizar sus oportunidades en cada paso que dan.

Procuremos programas formativos que se adapten al tiempo que vivimos, que ofrezcan menos verbosidad y más herramientas, con teoría ligada a la practicidad. Logremos estudiantes que piensen fuera de la caja, innoven y lideren el cambio.

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