La verdad es que escuchamos muchas cosas en los medios de comunicación sobre el lenguaje inclusivo, en la mayoría de las ocasiones con argumentos o críticas que no se ajustan demasiado a la realidad.

Y lo cierto es que, además de las razones de justicia social en la que se asienta la reivindicación de su uso, también hay una perspectiva utilitaria que no se comenta tanto y vale la pena recordar.

Principio básico persuasivo para cualquier empresa o institución: no hay nada mejor que dirigirse a todo el mundo por igual en tu comunicación, que todo aquello que digas incluya a todas las personas a las que te refieres, sin prescindir de nadie cuando te expresas.

Mujeres y hombres, LGTBI y diversidad funcional, familiar y social, no hay más. Deconstruye el lenguaje tal y como te lo enseñaron y mejóralo, no se trata de poner “alumnos” en masculino genérico, pero tampoco “alumn@s”, “alumnxs”, “alumn=s”, ni cosas así. Se trata de poner “alumnado” y de escribir como siempre usando las palabras que tenemos en el diccionario, pero dándole la vuelta para que nadie se quede fuera.

«Ciudadanía» en lugar de «ciudadanos», «profesorado» en lugar de «profesores», «para el vecindario» en lugar de «para los vecinos», «date prisa que se acaban» en lugar de «corre que se acaban», «quienes estéis» en lugar de «los que estéis» leyendo esto ahora. Tenemos palabras de sobra para decir lo mismo de una manera que nos conviene más.

Piénsalo, mejor que toda la gente a la que te interesa llegar se de por aludida ¿no?

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