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Los Puntos Violeta son espacios seguros donde se consulta e informa al vecindario, con agentes de igualdad y profesionales con una amplia experiencia en el desarrollo e implementación de protocolos de actuación, sobre las diferentes tipologías de violencia machista, cómo identificarlas y de qué manera se puede proceder en caso de sufrirlas o presenciarlas.

Son ubicaciones concretas de atención concienciación y sensibilización ciudadana, desde las que se trabaja para que todo el mundo pueda disfrutar las festividades y actos públicos por igual y nada ni nadie justifique una actitud o agresión sexista.

Los Puntos Violeta coordinan profesionalmente recursos y medios públicos, contribuyendo a prevenir los comportamientos violentos y esforzándose para que los actos festivos se puedan vivir con respeto, alegría y libertad.

Los #PuntosVioletaActivos añaden motivación y una notable participación ciudadana, teniendo como objetivo la deslegitimación de la violencia machista con una adhesión social masiva en favor de la igualdad.

Materiales: stand, carpa, mesas, creatividad, impresiones, protocolos, altavoz, pizarra, rollup, iluminación, etcétera.

 

 

 

 

La verdad es que escuchamos muchas cosas en los medios de comunicación sobre el lenguaje inclusivo, en la mayoría de las ocasiones con argumentos o críticas que no se ajustan demasiado a la realidad.

Y lo cierto es que, además de las razones de justicia social en la que se asienta la reivindicación de su uso, también hay una perspectiva utilitaria que no se comenta tanto y vale la pena recordar.

Principio básico persuasivo para cualquier empresa o institución: no hay nada mejor que dirigirse a todo el mundo por igual en tu comunicación, que todo aquello que digas incluya a todas las personas a las que te refieres, sin prescindir de nadie cuando te expresas.

Mujeres y hombres, LGTBI y diversidad funcional, familiar y social, no hay más. Deconstruye el lenguaje tal y como te lo enseñaron y mejóralo, no se trata de poner “alumnos” en masculino genérico, pero tampoco “alumn@s”, “alumnxs”, “alumn=s”, ni cosas así. Se trata de poner “alumnado” y de escribir como siempre usando las palabras que tenemos en el diccionario, pero dándole la vuelta para que nadie se quede fuera.

«Ciudadanía» en lugar de «ciudadanos», «profesorado» en lugar de «profesores», «para el vecindario» en lugar de «para los vecinos», «date prisa que se acaban» en lugar de «corre que se acaban», «quienes estéis» en lugar de «los que estéis» leyendo esto ahora. Tenemos palabras de sobra para decir lo mismo de una manera que nos conviene más.

Piénsalo, mejor que toda la gente a la que te interesa llegar se de por aludida ¿no?

Actuemos para que las palabras se conviertan en hechos, hablemos de participación ciudadana logrando que el vecindario se implique y haga suyas las acciones públicas, digamos que somos transparentes y hagamos que las instituciones sean claras, concisas y atractivas para quienes las tratan cada día.

Logremos la igualdad en nuestros ayuntamientos y en nuestras ciudades, trabajemos por unas mismas oportunidades reales para la ciudadanía. Incluyamos a todas las personas que representamos en lo que hacemos y expresamos en los medios.

Impliquemos a la gente en el diseño y en la implementación de todas las planificaciones estratégicas que realizamos, legitimemos nuestra gestión con sus aportaciones. Quitémonos los complejos, la mejor acción pública es aquella que se fundamenta fuera de las cuatro paredes de la administración.

No se trata de hacer las cosas para la gente, se trata de hacer las cosas con la gente. Si el tejido social participa y nos conoce bien, si se tiene en cuenta su opinión y se siente integrado en todo lo que hacemos, entonces estaremos hablando de una gobernanza ejemplar: de buen gobierno prosumidor.